Ahora...
Ya no acostumbro mucho a salir de casa. No abro ni las cortinas, ni las puertas, ni las ventanas. Hago todo lo posible para mantener esto. Este extraño mundo que existe en mi casa. Sí, es extraño porque nunca supe como apareció. Además, eso siempre lo ves en los cuentos de ficción o cuando te metes una buena ración de alucinógenos. Y...aquí entre nos, les recomendaría los hongos, con ellos tendrás un viaje que ni te imaginas. Bla, bla, creo que estoy hablando de más.
Bueno les contaba...
Estuve varias semanas fuera. Y cuando llegué ya estaba ahí. Mi casa se había acostumbrado a la obscuridad, al silencio.
La primera vez ella se acostumbró a mi....ahora pensé que sería bueno que yo me acostumbrara a ella.
Es muy curioso ver como algo tan pequeño se puede volver tan grande, casi infinito. Me pase centímetro a centímetro recorriendo cada parte de la casa percibiendo olores, colores y formas de “algo” o “alguien” que permanecía ahí...parado en la obscuridad, sin saber si mostrarse o no, tal vez por miedo o por el simple hecho de pensar que no estaba preparada para comprenderlo.
Espere ahí, sentada en el piso...paso el tiempo y se hizo de noche. La obscuridad fue mayor. Y sentí como “él” se movía con mayor facilidad entre las sombras, con seguridad de que no podría verlo. Confiado de que mi visión no era como la de un gato o un búho (sólo ellos poseen la habilidad de ver en la obscuridad).
Se movía con rapidez. Al ver que no le tenía miedo empezó a jugar. Escuché sus risitas, era como oír a un montón de niños jugueteando y muriéndose de la risa por sus travesuras. Yo también empecé a reír igual. A recordar esa epata de mi vida. Volví a sentir y pensar como una niña. Volví a ser inocente, básicamente a ser pura. A creer en todo. Cerré por un instante los ojos y al volverlos ha abrir pude ver como de mi alrededor salía una pequeña enredadera que poco a poco iba creciendo y cubriendo toda la casa. En una esquina, de una lámpara de piso, de la nada empezó a nacer una cascada y esta luego origino un arroyo.
La habitación se transformó totalmente. “Él” se acercó y me susurro algo al oído. Rápidamente corrí al otro cuarto. Quería descubrir que habría ahí. Quedé totalmente emocionada y extasiada al verlo. ¡WOW! No podía creerlo. Frente a mi había un unicornio, un bello y hermoso unicornio. Parado ahí, como esperando a que lo monte. Fue tal la impresión que derramé una lágrima. Lo monté y cabalgamos durante horas hasta cansarnos. Paramos al pie del arroyo a beber un poco de agua para continuar.
Y recordé al que por un rato había olvidado, al que se escondía entre las sombras. Volví a cerrar mis ojos para percibirlo. Y fue grato saber que aun estaba ahí, esperando y observando.
Empezamos a jugar, a correr por toda la habitación. Otra vez se acercó y me dijo que todo, todo lo que quisiera podría hacerse realidad sólo con el hecho de desearlo y tener fe. Desee entonces poder volar y vi como mis pies se separaban del piso. Me elevé unos cuantos metros y por tratar de ir rápido de un sopetón fui a parar nuevamente al piso. Me di cuenta que sería más fácil si era más pequeña y liviana, tal vez así podría controlar mejor mis movimientos. Y desee ser pequeñita, de unos 10 centímetros tal vez.
Estaba feliz, danzando por el aire, sintiéndome libre. De pronto por una rendijita donde se colaba un poco de luz, lo vi. Vi al ser que me regalo toda esta hermosa experiencia. Era pequeñito, igual de pequeño que yo. No podía volar bien, tenía un ala herida. Era un HADA. Sí, créanlo o no, desde ese día habita en mi casa, al parecer no encuentra en otro lugar la paz que consigue aquí, además se ha acostumbrado mucho a mi.
Ahora...
Cada vez que salgo, él viene conmigo. Ustedes si quieren lo pueden ver. Él esta en mi espalda. Es el hada tatuado en mi espalda.
Ya no acostumbro mucho a salir de casa. No abro ni las cortinas, ni las puertas, ni las ventanas. Hago todo lo posible para mantener esto. Este extraño mundo que existe en mi casa. Sí, es extraño porque nunca supe como apareció. Además, eso siempre lo ves en los cuentos de ficción o cuando te metes una buena ración de alucinógenos. Y...aquí entre nos, les recomendaría los hongos, con ellos tendrás un viaje que ni te imaginas. Bla, bla, creo que estoy hablando de más.
Bueno les contaba...
Estuve varias semanas fuera. Y cuando llegué ya estaba ahí. Mi casa se había acostumbrado a la obscuridad, al silencio.
La primera vez ella se acostumbró a mi....ahora pensé que sería bueno que yo me acostumbrara a ella.
Es muy curioso ver como algo tan pequeño se puede volver tan grande, casi infinito. Me pase centímetro a centímetro recorriendo cada parte de la casa percibiendo olores, colores y formas de “algo” o “alguien” que permanecía ahí...parado en la obscuridad, sin saber si mostrarse o no, tal vez por miedo o por el simple hecho de pensar que no estaba preparada para comprenderlo.
Espere ahí, sentada en el piso...paso el tiempo y se hizo de noche. La obscuridad fue mayor. Y sentí como “él” se movía con mayor facilidad entre las sombras, con seguridad de que no podría verlo. Confiado de que mi visión no era como la de un gato o un búho (sólo ellos poseen la habilidad de ver en la obscuridad).
Se movía con rapidez. Al ver que no le tenía miedo empezó a jugar. Escuché sus risitas, era como oír a un montón de niños jugueteando y muriéndose de la risa por sus travesuras. Yo también empecé a reír igual. A recordar esa epata de mi vida. Volví a sentir y pensar como una niña. Volví a ser inocente, básicamente a ser pura. A creer en todo. Cerré por un instante los ojos y al volverlos ha abrir pude ver como de mi alrededor salía una pequeña enredadera que poco a poco iba creciendo y cubriendo toda la casa. En una esquina, de una lámpara de piso, de la nada empezó a nacer una cascada y esta luego origino un arroyo.
La habitación se transformó totalmente. “Él” se acercó y me susurro algo al oído. Rápidamente corrí al otro cuarto. Quería descubrir que habría ahí. Quedé totalmente emocionada y extasiada al verlo. ¡WOW! No podía creerlo. Frente a mi había un unicornio, un bello y hermoso unicornio. Parado ahí, como esperando a que lo monte. Fue tal la impresión que derramé una lágrima. Lo monté y cabalgamos durante horas hasta cansarnos. Paramos al pie del arroyo a beber un poco de agua para continuar.
Y recordé al que por un rato había olvidado, al que se escondía entre las sombras. Volví a cerrar mis ojos para percibirlo. Y fue grato saber que aun estaba ahí, esperando y observando.
Empezamos a jugar, a correr por toda la habitación. Otra vez se acercó y me dijo que todo, todo lo que quisiera podría hacerse realidad sólo con el hecho de desearlo y tener fe. Desee entonces poder volar y vi como mis pies se separaban del piso. Me elevé unos cuantos metros y por tratar de ir rápido de un sopetón fui a parar nuevamente al piso. Me di cuenta que sería más fácil si era más pequeña y liviana, tal vez así podría controlar mejor mis movimientos. Y desee ser pequeñita, de unos 10 centímetros tal vez.
Estaba feliz, danzando por el aire, sintiéndome libre. De pronto por una rendijita donde se colaba un poco de luz, lo vi. Vi al ser que me regalo toda esta hermosa experiencia. Era pequeñito, igual de pequeño que yo. No podía volar bien, tenía un ala herida. Era un HADA. Sí, créanlo o no, desde ese día habita en mi casa, al parecer no encuentra en otro lugar la paz que consigue aquí, además se ha acostumbrado mucho a mi.
Ahora...
Cada vez que salgo, él viene conmigo. Ustedes si quieren lo pueden ver. Él esta en mi espalda. Es el hada tatuado en mi espalda.
