miércoles, agosto 15

Llevo varios días sin dormir. Sé que no puedo continuar así. Me miro al espejo y veo como mis ojeras se vuelven cada vez más profundas. Tengo los ojos rojos y desorbitados. Algo en mi anda mal.
Cada vez que cae la noche me encierro en mi cuarto para tratar de relajarme y poder conciliar el sueño, pero simplemente no puedo. Paso horas de horas dando vueltas en la cama. No sé que necesito, no sé que me hace falta.
En esta semana ya llevo 2 frascos de pastillas y no han podido hacer nada por mi. Probé con un poco de marihuana, pensé que me ayudaría, pero nada. Insisto, algo en mi anda mal.


Un ruido me saca del letargo en el que me encuentro en la oficina. Me he quedado media dormida, al parecer nadie se dio cuenta de eso. No tengo idea que hora es, ni cuanto tiempo he estado cabeceando.
Salgo corriendo. Sé que algo tengo que hacer con urgencia y aunque realmente no recuerdo con certeza que es, siento que es importante.
Y aún media dormida bajo como puedo las escaleras. Corro, me tropiezo, me caigo. Me levanto y vuelvo a correr. Por inercia llego a casa, entro y como loca la recorro toda de arriba a abajo. Busco algo...pero aún no sé que es.

No puede ser! Otra vez ese dolor de cabeza, es tan fuerte que me duelen los ojos y no puedo ver.
Ya estoy harta, no aguanto más. No me importa lo que me pasé, sólo sé que esto debe cesar. Necesito dormir. Necesito relajarme y dormir. Necesito el frasquito con pastillas.


Silencio.
Silencio total y obscuridad absoluta...
Cesó! Cesó! El dolor de cabeza, la desesperación, los ruidos de la calle, todo desapareció. No siento nada, ni mi cuerpo, ni nada de mi alrededor. No estoy conciente de mi cuerpo, sólo de mi mente.


...y me saco el cepillo de la boca.

martes, junio 19

Murmullos, gritos, azotes de puertas, ruidos de carros, algo cae, alguien llora, risas, sirenas, alguien habla por la tele, suena el teléfono, lo contestan, alguien canta, pasos, suben escaleras, las bajan, un timbre, alguien se acaba de conectar al internet, martillazos, tic- tac de relojes, alguien dejo mal cerrada la llave del agua, gotea.

Apunto de quebrar. Apunto de caer de rodillas y no poderme levantar. Apunto de pegar de gritos, tanto hasta que me quede sin voz. Apunto de llorar mares hasta quedarme totalmente seca. Apunto de pegarme un tiro o pegárselo a alguien.
Fuck! Hoy por primera vez tengo miedo de estar volviéndome loca en realidad.
Y es que como me voy a enterar que eso es lo que me está pasando? Estoy tan desquiciada que escucho todo y cada detalle de lo que me rodea.

Mira, mira! Arriba del reloj! Un aura redonda, es blanca y rosa. Pero, cómo?...No la vez? Ahora se transformo en una lagartijita rosa. Mueve su cabeza varias veces y camina rápido. Demonios! Se esfumó.

sábado, marzo 3

Ahora...
Ya no acostumbro mucho a salir de casa. No abro ni las cortinas, ni las puertas, ni las ventanas. Hago todo lo posible para mantener esto. Este extraño mundo que existe en mi casa. Sí, es extraño porque nunca supe como apareció. Además, eso siempre lo ves en los cuentos de ficción o cuando te metes una buena ración de alucinógenos. Y...aquí entre nos, les recomendaría los hongos, con ellos tendrás un viaje que ni te imaginas. Bla, bla, creo que estoy hablando de más.

Bueno les contaba...
Estuve varias semanas fuera. Y cuando llegué ya estaba ahí. Mi casa se había acostumbrado a la obscuridad, al silencio.
La primera vez ella se acostumbró a mi....ahora pensé que sería bueno que yo me acostumbrara a ella.
Es muy curioso ver como algo tan pequeño se puede volver tan grande, casi infinito. Me pase centímetro a centímetro recorriendo cada parte de la casa percibiendo olores, colores y formas de “algo” o “alguien” que permanecía ahí...parado en la obscuridad, sin saber si mostrarse o no, tal vez por miedo o por el simple hecho de pensar que no estaba preparada para comprenderlo.

Espere ahí, sentada en el piso...paso el tiempo y se hizo de noche. La obscuridad fue mayor. Y sentí como “él” se movía con mayor facilidad entre las sombras, con seguridad de que no podría verlo. Confiado de que mi visión no era como la de un gato o un búho (sólo ellos poseen la habilidad de ver en la obscuridad).

Se movía con rapidez. Al ver que no le tenía miedo empezó a jugar. Escuché sus risitas, era como oír a un montón de niños jugueteando y muriéndose de la risa por sus travesuras. Yo también empecé a reír igual. A recordar esa epata de mi vida. Volví a sentir y pensar como una niña. Volví a ser inocente, básicamente a ser pura. A creer en todo. Cerré por un instante los ojos y al volverlos ha abrir pude ver como de mi alrededor salía una pequeña enredadera que poco a poco iba creciendo y cubriendo toda la casa. En una esquina, de una lámpara de piso, de la nada empezó a nacer una cascada y esta luego origino un arroyo.
La habitación se transformó totalmente. “Él” se acercó y me susurro algo al oído. Rápidamente corrí al otro cuarto. Quería descubrir que habría ahí. Quedé totalmente emocionada y extasiada al verlo. ¡WOW! No podía creerlo. Frente a mi había un unicornio, un bello y hermoso unicornio. Parado ahí, como esperando a que lo monte. Fue tal la impresión que derramé una lágrima. Lo monté y cabalgamos durante horas hasta cansarnos. Paramos al pie del arroyo a beber un poco de agua para continuar.

Y recordé al que por un rato había olvidado, al que se escondía entre las sombras. Volví a cerrar mis ojos para percibirlo. Y fue grato saber que aun estaba ahí, esperando y observando.
Empezamos a jugar, a correr por toda la habitación. Otra vez se acercó y me dijo que todo, todo lo que quisiera podría hacerse realidad sólo con el hecho de desearlo y tener fe. Desee entonces poder volar y vi como mis pies se separaban del piso. Me elevé unos cuantos metros y por tratar de ir rápido de un sopetón fui a parar nuevamente al piso. Me di cuenta que sería más fácil si era más pequeña y liviana, tal vez así podría controlar mejor mis movimientos. Y desee ser pequeñita, de unos 10 centímetros tal vez.

Estaba feliz, danzando por el aire, sintiéndome libre. De pronto por una rendijita donde se colaba un poco de luz, lo vi. Vi al ser que me regalo toda esta hermosa experiencia. Era pequeñito, igual de pequeño que yo. No podía volar bien, tenía un ala herida. Era un HADA. Sí, créanlo o no, desde ese día habita en mi casa, al parecer no encuentra en otro lugar la paz que consigue aquí, además se ha acostumbrado mucho a mi.

Ahora...
Cada vez que salgo, él viene conmigo. Ustedes si quieren lo pueden ver. Él esta en mi espalda. Es el hada tatuado en mi espalda.